La Doctora de El Cayo

El huracán Sandy dejó muchas afectaciones en Santiago de Cuba, pero también dejó historias casi legendarias sobre la conducta de las hijas y los hijos de esta ciudad en esos días complejos y dolorosos que siguieron a la tormenta. Y comento esto porque voy a escribir sobre una de tales leyendas, una persona que reside en el litoral de la bahía santiaguera. Me refiero a Bárbara Acosta Montero, doctora en medicina que vive y ejerce en el Consultorio Médico de la Familia número 50, en Cayo Granma, pequeña isla justo a la entrada de la rada.

El Cayo sufrió mucho con los embates de Sandy, en la noche del 24 de octubre. Baste decir que de unas 260 casas allí, sólo 6 no fueron afectadas. Inmediatamente después del ciclón se incrementaron  las enfermedades, entre ellas las gastrointestinales. Y todo eso en condiciones de aislamiento, sin electricidad, ni teléfono, ni abasto de agua, casi sin transporte… Y así llegaron a la tarde del día 27.
Fue al tercer día del ciclón, había muchos casos de cólera y yo tuve que trasladar un paciente a Ciudamar, porque él se quiso ir por sus propios medios. No había comunicación terrestre y él me dijo “Mire Doctora, yo me voy para el entronque y allí cojo un carro” y yo le contesté OK, no hay problemas. Aquel paciente no era un caso tan grave, tenía buen estado general y no estaba deshidratado.
Es que los casos que presentaban deshidratación severa o complicada yo los llevaba personalmente hasta la Alameda, llamaba a Capitanía del Puerto, ellos a su vez se comunicaban con el SIUM y venía una ambulancia a hacer el enlace allí para recoger los pacientes con deshidratación severa.
Bueno, aquel día ya estaba oscureciendo, y la lancha no me fue a recoger, porque tienen un horario, y se iba a demorar… Y entonces tuve que tirarme a nado.
La doctora Bárbara Acosta vivió parte de su infancia en la comunidad costera de La Socapa y nada bien. Ya es madre de tres niñas aunque a sus 35 años es una mujer fuerte. Pero entre el Cayo y Ciudamar está el canal de entrada a la bahía, por donde circulan las corrientes de las mareas, de modo que los 300 metros que separan a la costa de la isla pueden ser un reto importante para cualquiera. Para cualquiera con menos sentido del deber que la doctora Bárbara, que no estaba dispuesta a esperar tal vez horas por la lancha aquel 27 de octubre, cuando saltó al agua.
Es que me desesperé tanto, que la ansiedad de pensar que podía llegar un paciente… Como tuve una niñita, que trajeron a las ocho de la noche con una deshidratación también, y esa preocupación me motivó y lo hice así, sin pensar.
Y mire, llegando al Consultorio había un paciente joven, de 28 años, llamado Jorge y conocido por El Viudo, que también vino con un evento gastroentérico. A ése tuve que darle los primeros auxilios llegando al Consultorio, y remitirlo para el Hospital.
Pero hay un detalle de aquella travesía de la doctora Bárbara que ella no dice. Cuando saltó al agua llevaba puesta toda la ropa normal para su jornada de trabajo, incluida la bata sanitaria que caracteriza al personal de la salud cubano. Al preguntarle, contesta riendo
Sí, lo hice así mismo, me tiré con todo, incluida la bata, y como pesa… Me tiré con toda la ropa y nada, llegué, cansada, agobiada, pero llegué
Sin dudas la decisión de la doctora Bárbara de nadar para regresar al consultorio requirió de mucho valor, fuerza, solidaridad y sentido de responsabilidad. Pero seguramente también estaba condicionada por el momento especial que vivía la población del Cayo, con sus viviendas devastadas, brotes de enfermedades, pocos recursos y un solo médico en las noches: ella misma. Y su entrega no tuvo límites.
 Nunca dormí, sinceramente ese día fue muy angustioso para nosotros, inolvidable. Ya pasó todo y en aquel momento no me afligí, no me amedrenté, pero muchas veces lo recuerdo… Eran momentos duros que pasé porque estaba solita. Mis compañeros de la Dirección del Policlínico 28 de Septiembre me apoyaron, pero eso era por la mañana, ya en la tarde y la noche estaba yo solita para el Litoral completo, el Cayo, La Socapa y Caracoles.
Mire, en esos días perdí mucho pelo, ya lo tengo abundante de nuevo, pero se me estaba cayendo, perdí bastante peso también. Fueron días muy tristes, en los que tuve recién paridas, personas mayores, entre ellos una diabética que no teníamos como ponerle la insulina… Y gracias a Dios resolví.
Y lloró al decir
Pero son días que no quisiera recordar más porque fueron muy duros para mí. Y bueno, nada, para alante…
Entre tantas dificultades, algunos de los pacientes que atendiera la doctora se complicaron y agravaron, y hasta presentaron situaciones críticas.
Tuve uno que se llama Wilmer que es inspector, él hizo como un paro en medio del canal. Fue el primer caso de cólera que yo tuve, el día 25 a las ocho de la noche. Sin comunicación, sin teléfono, sin nada, en esos días sólo había una simple lancha. Pero no perdí a ninguno, no perdí a ninguno, gracias a Dios.
En aquellos días la doctora Bárbara Acosta Montero dio muchas muestras de laboriosidad, valor, responsabilidad y solidaridad, al decir de algunos, como quien cumple una misión en otro país que sufre una catástrofe. Pero comentan los pacientes de El Cayo que esa es su actitud cotidiana. Y el mejor premio de tanta entrega y dedicación es, sin dudas, la opinión que vertiera una vecina de esa comunidad, Juana Oria, y que comparten todas las personas con quienes hablé
Una Doctora como ésa no la vamos a volver a tener en el Litoral, porque a toda hora ella atiende a quien la llame por teléfono o venga al consultorio, así sea a la una, dos o tres de la mañana, lo que sea, ella se levanta. Y si no viene la ambulancia, que muy pocas vienen, y tiene que irse para Santiago con un enfermo, ella se va en la lancha.
Y lo que hizo esa mujer aquí en el ciclón, ningún médico lo ha hecho ni lo va a hacer: con un candil suturando, poniendo sueros, canalizando venas y todas esas cosas… Como ella aquí no viene más nadie.
Bárbara Acosta Montero, la doctora de El Cayo, es sin dudas una de aquellos médicos que enorgullecen a los cubanos, y que usted, seguramente, siempre quisiera tener cerca.
 

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