La guerra y la economía

pagePor Carlos Gonce Socías

Vivimos una época convulsa, llena de guerras y conflictos, atentados y agresiones. De repente un grupo de extremistas en algún lugar del mundo se hace fuerte, saca recursos de donde nadie sabe y aparece con un ejército con armas modernas y ningún respeto por la vida de los demás, y se proclaman paladines de las más disímiles y reaccionarias causas.

A poco aparecen quienes les apoyan, y se forma una organización internacional auxiliada por las mismas redes sociales que deberían fomentar la comunicación, la amistad y el intercambio cultural entre los pueblos.

Y ni siquiera cuando disparan a jóvenes en una discoteca, atropellan con un camión a  multitudes en una calle o asesinan a un embajador, las voces de condena en los grandes medios de comunicación son unánimes.

Parecería que el mundo se ha vuelto loco. Pero no, al final todo tiene una explicación, por difícil que parezca. Si usted quiere hallarla sólo tiene que buscar con calma a quienes beneficia lo que esté sucediendo.

Es que siempre las guerras se inician con una justificación: sea religiosa, sea un diferendo histórico, una contradicción política, o una supuesta acumulación de armas químicas, por sólo citar ejemplos recientes. Pero un poco más ocultas siempre hay causas económicas, como el dominio de territorios ricos en petróleo u otros recursos, el control de grupos o de zonas comerciales, o expansión territorial. Cuando usted escarba un poco asoma la pata peluda del interés económico dominante.

Entonces las guerras no resultan tan inexplicables, ni el interés de diferentes naciones poderosas en apoyar a uno u otro bando aparece como puro y simple humanismo. De hecho muchas veces los países donde ocurren los conflictos piden que les dejen solucionar la situación por sí mismos, pero nada, la ayuda no solicitada se impone. Tal vez  en un principio para gastar material militar, mostrar poderío y dar vida a las industrias bélicas de los países en cuestión, tal vez en un final para participar del reparto de los despojos, porque eso es lo que queda de las naciones que se convierten en escenario de los acontecimientos.

Quien sigue las informaciones sabe que los sucesos en el mundo árabe y en África así lo demuestran. La realidad, como alertó muchas veces Fidel,  es que un desarrollo sostenible y adecuado a las costumbres, tradiciones e idiosincrasia de cada nación sólo se consigue si hay paz, y si cada pueblo logra ejercer la soberanía necesaria para resolver por sí mismo sus propios problemas. Eso promueve activamente Cuba, porque nuestra vocación es la paz.

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