Un año más tarde, las ideas de Fidel acerca de las relaciones Cuba-EE.UU. siguen siendo la principal guía

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El 17 de diciembre de 2014, el mundo fue testigo del sorpresivo anuncio simultáneo de los Presidentes Raúl Castro y Barack Obama, acerca del restablecimiento de las relaciones diplomáticas, interrumpidas más de cinco décadas atrás. Sin embargo, flotaba en el aire la falacia de que esta decisión representaba un paso hacia la “normalización”. Aquél día, Obama afirmó que la medida estaba dirigida a “normalizar las relaciones entre los dos países.” No obstante esta histórica decisión, se trataba de la reapertura de las respectivas embajadas y no significaba en absoluto que el camino iba de hecho hacia la normalización. No se trataba de eso.

Un año más tarde, las ideas de Fidel acerca de las relaciones Cuba-EE.UU. siguen siendo la principal guía

De hecho, la “normalización” contradice la propia lógica detrás del 17 de diciembre de 2014 (fecha conocida por los cubanos como el “17D”), cuya decisión de Obama indicaba que Estados Unidos consideraba que su política hacia Cuba había sido un fracaso, dado que no se lograron alcanzar los objetivos estadounidenses, entre otras cosas, de llevar la “democracia” a Cuba (a la manera del sistema multipartidista estadounidense), o presionar a Cuba hacia una “economía abierta” (economía de mercado o capitalismo). La política tampoco tuvo éxito –en efecto, fracasó− en su objetivo de aislar a Cuba del resto de América Latina. Como consecuencia, Estados Unidos se vio obligado a cambiar sus tácticas con el fin de lograr el mismo objetivo histórico de llevar los cambios mencionados a Cuba y aumentar su menguante influencia en lo que considera “su patio trasero”.

A pesar de la afirmación de Obama, no existen en absoluto las bases para creer que se estaba llevando a cabo un proceso de normalización. Más aún, es posible hacer referencia a algunos pocos ejemplos que perforaron su hinchada bandera tachonada de estrellas. El primero es el permanente bloqueo estadounidense que Obama tan sólo modificó ligeramente (a pesar de sus amplios poderes ejecutivos que le hubiesen permitido hacer mucho más), mientras que impuso voluntariamente un número récord de multas a las organizaciones internacionales, financieras y de otro tipo, por sus relaciones comerciales con Cuba. Esto, por supuesto, endurece los efectos del bloqueo.

En segundo lugar, a pesar de sus poderes ejecutivos para hacerlo (y de contar con la mayoría de demócratas en el Congreso en su primer mandato), no clausuró la prisión de Guantánamo ni devolvió el territorio a Cuba. En tercer lugar, su administración prácticamente superó a todos sus predecesores en la asignación de fondos para la ejecución de programas subversivos, con el apoyo de la CIA, para la “promoción de la democracia” en Cuba. En este sentido, algunos documentos publicados recientemente indican que, de 2014 a 2016, hubo una cantidad masiva de fondos provenientes de Estados Unidos, con apoyo de la CIA. Cabe recordar que esto tuvo lugar mientras la administración de Obama realizaba negociaciones diplomáticas con Cuba (lo que caracteriza, de forma insolente, esta nueva política de “normalización”), incluso después de anunciar públicamente la nueva política hacia Cuba. Así, muchas autoridades cubanas y analistas se preguntaban de qué tipo de normalización de trataba.

No obstante, contra toda evidencia, persistía la ilusión de la “normalización”. Más aún, a principios de 2016, mientras que Obama planeaba su viaje a Cuba del mes de marzo, para coronar la firma de su principal legado en materia de política exterior, este ensueño fue aumentando, pasando de un serio blanco y negro a color.

Sin embargo, durante la visita de Obama a La Habana en marzo de 2016, la política de Estados Unidos hacia Cuba que fomentaba ese engendro de la imaginación de la “normalización”, fue incluso más lejos, convirtiéndose en una superproducción de Hollywood en alta definición. El golpe al paroxismo fue orquestado a través de una proyección al estilo hollywoodense de la nueva imagen del imperialismo estadounidense, que tomó la forma de Obama y su séquito. Durante esos tres días de marzo, ¡nada parecía más “normal” en la escena internacional que las relaciones Cuba-Estados Unidos! Para algunos, se trataba de una euforia apenas velada.

Así,  la “normalización” se afianzó aún más para algunos como un hecho consumado. Deliberadamente, la seducción reemplazó a la agresión abierta para lograr el inalcanzable objetivo, sostenido durante cinco décadas, de quebrantar la voluntad de Cuba a fin de llevar el archipiélago al dominio de los intereses de Estados Unidos. La “agresión” y la “seducción” están estrechamente relacionadas, no sólo literalmente, sino también políticamente, pues son dos caras de la misma moneda.

No obstante, dado el alto nivel de conciencia política de la inmensa mayoría de cubanos, éstos no se dejaron encantar por Obama, mimetizado en el flautista de Hamelín. No todos cayeron en esto. Inmersos en las ideas de Fidel, los revolucionarios cubanos desde el gobierno y la prensa tomaron inmediatamente la espada en la pluma y la palabra hablada para deconstruir la narrativa de Obama. Esto encendió el debate en Cuba. Sin embargo, fue el mismo Fidel quien asestó un golpe demoledor a las seductoras fantasías estadounidenses, la nueva táctica para reemplazar la agresión abierta.

¿Quién podría olvidar la ahora legendaria e irónica reflexión del Comandante titulada “El hermano Obama”, donde Fidel despedazó la narrativa de éste? En esencia, Obama buscaba conquistar a los cubanos (por primera vez desde la ventajosa posición de Estados Unidos actuando al interior de Cuba) a través de la idea de que su futuro se encuentra ligado a la benevolencia de Estados Unidos. Como dijo Obama el 17D (evocando la noción de los peregrinos puritanos del siglo XVII acerca del surgimiento de Estados Unidos como el “pueblo elegido”): “Algunos de ustedes nos han buscado como fuente de esperanza, y continuaremos alumbrando una luz de libertad.” Esta concepción errónea de compartir posibles intereses y “valores comunes”, conduce a la falsa noción de que, las relaciones diplomáticas, combinadas con unas pocas medidas cosméticas, conducen a la “normalización”.

La propuesta evangelizadora de Obama a los cubanos incluía un llamamiento a “derribar las barreras de la historia y la ideología” −como lo dijo él, con el fin de construir el mito de la fácil compatibilidad entre los dos sistemas. Un deslizamiento hacia la conformidad mutua sólo podía significar que Cuba renunciara a sus principios. ¿Podría acaso Estados Unidos renunciar a su sistema político y económico para identificarse con Cuba y así facilitar la “normalización”?

“El Hermano Obama” de Fidel es tan sólo un ejemplo entre muchos que muestra su desconfianza en la meta estadounidense de subvertir la revolución por medio de tácticas cambiantes. Esta idea Fidelista ha sido repetida de muchas formas desde 1959. Por ejemplo, hace varias décadas él afirmó que “Incluso si algún día mejoran las relaciones entre Cuba socialista y el imperio, el imperio no cesará de aplastar la Revolución Cubana…” (El autor está en deuda con el periodista Patricio Montesinos y Cubadebate por llamar esta cita a nuestra atención).

Para dar un ejemplo más, tan sólo un mes después del 17D, Fidel escribió una misiva a los estudiantes universitarios:

“No confío en la política de Estados Unidos ni he intercambiado una palabra con ellos, sin que esto signifique, ni mucho menos, un rechazo a una solución pacífica de los conflictos o peligros de guerra” (27 de enero de 2015).

El pensamiento de Fidel puede ser sintetizado de esta manera: sí a las relaciones diplomáticas buscadas desde 1959; no a la confianza en el objetivo de largo plazo de Estados Unidos, escondido tras el espejismo de la normalización ad infinitum.

Conmemoramos el primer aniversario del fallecimiento de Fidel, sucedido tan sólo unas pocas semanas después de la inesperada victoria de Trump. Esta nueva administración estadounidense inició el cambio de la política seductora de Obama hacia una narrativa hostil y agresiva, combinada con las correspondientes medidas para endurecer el bloqueo, mientras mantiene relaciones diplomáticas como la principal característica de la apertura de Obama.

En el contexto de la política de Trump hacia Cuba, los dogmas del mito de la “normalización” −alentados por la casi total oposición mayoritaria y generalizada en Estados Unidos y en el extranjero a la política de Trump hacia Cuba− ahora han intensificado la promoción del cuento de la “normalización” de Obama. Aprovechando el hecho de que la política de Obama hacia Cuba pareciera tan inmaculada en comparación con la de Trump, ¿quién se atreve a argumentar que Obama no deseaba la “normalización”, hacia la cual él dio el primer paso? ¿Quién puede cerrar los ojos ante el hecho de que la política de Obama está siendo pasada por alto por Trump? Asociar a Obama con la “normalización” es “políticamente correcto” en algunos círculos, hasta tal punto que se supone que todo comentarista disidente puede ser intimidado por esta esperada opinión hegemónica acerca de las relaciones Cuba-Estados Unidos.

¿Ha perdido vigencia la resistencia fidelista frente a la narrativa de la “normalización” como una solución mágica? ¿Ya no son aplicables sus claras ideas acerca del uso oportunista de los cambios tácticos por parte del imperio para alcanzar los mismos objetivos elusivos de dominación?

Independientemente de quién ocupe la Casa Blanca, las relaciones Cuba-Estados Unidos nunca serán las mismas a las existentes antes del 17D. Las incursiones ideológicas y políticas de EE.UU. en la cultura socialista de Cuba después del 17D, aunque relativamente marginales, toman nuevas dimensiones con nuevos partidarios. Un observador serio no podría ignorar, por ejemplo, que entre algunos jóvenes y cuentapropistas del sector privado existen opiniones positivas preconcebidas acerca de la sociedad, la cultura e incluso el sistema político estadounidense. Consideremos esto como un indicador de la opinión de que las incursiones culturales de Estados Unidos trascienden los mandatos presidenciales: ¿Ha disminuido la proliferación de banderas estadounidenses en las calles de La Habana, desgastadas como ropa (después de aumentar con la nueva política hacia Cuba del 17D de Obama, y luego de ampliarse después de su visita a La Habana) después de la elección de Trump y su retórica agresiva? No. De hecho, esta tendencia hacia un constante aumento no presenta ningún signo de disminución, a pesar del hecho de que Trump es la cabeza del imperio y su rostro es visible, junto con la bandera. El nuevo presidente está sacando provecho del legado de Obama de irrupción en la cultura socialista cubana.

A manera de una última reflexión en estos días, cuando examinamos la vigencia del pensamiento de Fidel: ¿Qué sucederá si los demócratas reconquistan el poder presidencial en 2020? Si esta tendencia continúa –creando ilusiones acerca de la “normalización” y su corolario de un sistema político y económico para Cuba más cercano al de Estados Unidos que a la Revolución Cubana− ¿qué ocurrirá en noviembre de 2020? Los sistemas socialista y político de Cuba serán el objetivo de una ofensiva ideológica y política coordinada y sin precedentes, basada en el sueño hecho realidad de la “normalización” con los demócratas.

El pensamiento de Fidel acerca de las relaciones Cuba-Estados Unidos no solamente sigue vigente en la actualidad, sino que representa una lucha de vida o muerte por conservar y ampliar la Revolución Cubana. Las ideas de Fidel constituyen el más importante referente, –hoy y mañana− en las relaciones Cuba-Estados Unidos, para todos aquellos quienes estamos comprometidos en la defensa de la Revolución Cubana.

Sus ideas no sólo enmarcan el contenido como una guía sólida e insustituible, sino que igualmente resulta importante la forma que utilizaba Fidel para presentar sus ideas. Él afirmó y expresó sus ideas con valor −con precisión en su forma de comunicar− en defensa de la Revolución Cubana. Este fue su único criterio.

 

 

 

 

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Los complots contra Cuba en los archivos sobre Kennedy


Por Martha Andrés Román*

Intentos de asesinatos, conocimiento sobre acciones terroristas contra Cuba y planes de realizar atentados en Estados Unidos para culpar a la isla son temas que abundan en los documentos sobre el homicidio del expresidente John F. Kennedy.

Desde el 26 de octubre pasado los Archivos Nacionales norteamericanos han publicado de forma semanal documentos de la investigación acerca el crimen ocurrido en Dallas, Texas, el 22 de noviembre de 1963, visto aún como un misterio para muchos amantes de las teorías conspirativas, investigadores y público general.

Pero más allá de los detalles sobre el magnicidio, que no parecen aportar elementos de consideración a lo ya conocido, destacan las revelaciones y confirmaciones sobre esfuerzos de destruir la Revolución cubana y asesinar a su líder histórico, Fidel Castro. Seguir leyendo “Los complots contra Cuba en los archivos sobre Kennedy”

Soy un mambí incómodo, irredento

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Luis Alberto García en “Con 2 que se quieran”. Foto: Petí/ Archivo

Soy un mambí incómodo. Insurrecto. Siempre irredento. Los que me quieren mucho, los que me quieren menos, los que me aborrecen y hasta los que no confían en mí, saben que acierto y yerro, siempre por convicción y no por compulsión. Es lo que hace que a diario ponga la cabeza en la almohada sin arrugas internas.

Si opino acerca de tantas cosas vitales y banales, y comparto aquellas que me mueven el piso en las escasas ocasiones en que consigo planear por Facebook, no quiero ni puedo ahora dejar de decir lo que pienso, sin presiones ni sugerencias y a mi manera, acerca de la obra protagonizada por el actual presidente estadounidense en un teatro de La Florida hace varios días:

No me gustó la locación, ni el nombre de la sala, ni el casting, ni la figuración, ni el contenido del libreto, ni la dramaturgia, ni las actuaciones, ni la labor de los asesores históricos (imagino que los hubo), ni la escenografía, ni la música. Los departamentos de vestuario y maquillaje funcionaron bien.

Se me antoja desde todo punto de vista, imposible, prestarle atención a un grupo de cubanos que asegura querer lo mejor para su gente y que pretenda hacerlo bajo una bandera y un himno que no son los de su país de origen. Está raro eso. Muy raro. No va conmigo. Hiede a anexionismo a 90 millas de distancia.

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El “heroísmo” del padre del violinista de Trump

pagina Sierra MaestraPor Orlando Guevara Núñez

Esta foto fue publicada en Santiago de Cuba, en los primeros días de enero de 1959. Otras muchas páginas dieron a conocer los rostros o cadáveres de hombre, mujeres, jóvenes casi niños, asesinados por la tiranía batistiana en esta ciudad, donde uno de los criminales, el comandante  Bonifacio Haza-padre del  mediocre  violinista de Donald Trump, era el jefe la policía.

Ese individuo, célebre por la persecución a los revolucionarios, por los crímenes, torturas y desaparición de santiagueros, participó  en el asesinato del  héroe de la lucha clandestina en esta ciudad, Frank País García y el también luchador clandestino Raúl Pujol, el 30 de julio de 1957. Para esa fecha, el esbirro era solo capitán. Trump seguirá cosechando derrotas, los cubanos seguiremos cimentando la victoria

La historia de la “víctima” del gobierno cubano, tergiversada por el presidente de los Estados Unidos, tiene detalles que deben conocerse por quienes a él lo escucharon en su reciente discurso anticubano. Seguir leyendo “El “heroísmo” del padre del violinista de Trump”

No será una Directiva Presidencial de Estados Unidos la que pueda torcer el rumbo soberano de Cuba.

bruno-viena6Conferencia de prensa ofrecida por Bruno Rodríguez Parrilla, ministro de Relaciones Exteriores de Cuba, desde Viena, Austria, el 19 de junio de 2017, “Año 59 de la Revolución”.

¿Qué queda y qué se va?

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PRINCIPALES CAMBIOS ANUNCIADOS POR TRUMP

– Incrementar las restricciones a los viajes de estadounidenses a Cuba al restringir las categorías permitidas para visitar Cuba con licencia general –sin necesitar un permiso específico del Departamento del Tesoro. La Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) confirmó que el presidente instruyó el fin de los viajes pueblo a pueblo individual, que permitían a los estadounidenses viajar a Cuba por su cuenta sin necesitar el auspicio de una organización.

– Encargó también efectuar revisiones oficiales a los viajeros para determinar si se mantuvieron en los marcos del permiso otorgado. La medida supone el riesgo de ser sancionados para quienes tienen interés de conocer Cuba.

– Los cambios buscan impedir los negocios de compañías estadounidenses con empresas vinculadas a las Fuerzas Armadas Revolucionarias y los servicios de inteligencia y seguridad, que son de propiedad pública, producen bienes y servicios de alto valor agregado, al tiempo que sus ganancias se revierten en la mejoría de la calidad de vida del pueblo cubano.

– Ordenó el recrudecimiento del bloqueo a partir de lo establecido en la ley Helms-Burton de 1996.

– Estados Unidos se opondrá a cualquier iniciativa internacional que condene esa política de agresión contra Cuba. En la última votación en Naciones Unidas, Washington se abstuvo ante la resolución cubana que llama a poner fin al bloqueo económico, político y comercial.

– Deroga la anterior directiva presidencial del presidente Barack Obama del 14 de octubre del 2016. La misma, aunque contenía elementos injerencistas, declaraba al bloqueo como «una carga obsoleta para el pueblo cubano y ha sido un impedimento a los intereses estadounidenses».

ALGUNOS ELEMENTOS DE LAS RELACIONES QUE SE MANTIENEN

– Se mantienen las relaciones diplomáticas restablecidas en el 2015 y las embajadas en Washington y en La Habana.

– Tampoco serán afectados los viajes familiares y las remesas que envían los cubanos residentes en ese país.

– Se mantiene el acuerdo migratorio alcanzado en enero pasado que eliminó la política de pies secos-pies mojados y el Programa de Parole para Profesionales Médicos Cubanos.

– Hasta el momento, se mantienen en vigor también las más de dos decenas de memorandos y acuerdos alcanzados entre los dos países en distintas áreas, desde la protección del medio ambiente hasta la cooperación en materia de seguridad.

– La directiva política de Trump incluye excepciones para permitir el funcionamiento de los vuelos regulares y los cruceros. Aclara el departamento del Tesoro que los anuncios de Trump no tendrán efecto hasta que se emitan las nuevas regulaciones, lo cual se llevará a cabo «en los próximos meses».

Tomado de Granma

Declaración del Gobierno Revolucionario

El 16 de junio de 2017, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, en un discurso cargado de una retórica hostil, que rememoró los tiempos de la confrontación abierta con nuestro país, pronunciado en un teatro de Miami, anunció la política de su gobierno hacia Cuba que revierte avances alcanzados en los dos últimos años, después que el 17 de diciembre de 2014 los presidentes Raúl Castro Ruz y Barack Obama dieran a conocer la decisión de restablecer las relaciones diplomáticas e iniciar un proceso hacia la normalización de los vínculos bilaterales.

En lo que constituye un retroceso en las relaciones entre los dos países, Trump pronunció un discurso y firmó en el propio acto una directiva de política denominada “Memorando Presidencial de Seguridad Nacional sobre el Fortalecimiento de la Política de los Estados Unidos hacia Cuba” disponiendo la eliminación de los intercambios educacionales “pueblo a pueblo” a título individual y una mayor fiscalización de los viajeros estadounidenses a Cuba, así como la prohibición de las transacciones económicas, comerciales y financieras de compañías norteamericanas con empresas cubanas vinculadas con las Fuerzas Armadas Revolucionarias y los servicios de inteligencia y seguridad, todo ello con el pretendido objetivo de privarnos de ingresos. El mandatario estadounidense justificó esta política con supuestas preocupaciones sobre la situación de los derechos humanos en Cuba y la necesidad de aplicar rigurosamente las leyes del bloqueo, condicionando su levantamiento, así como cualquier mejoría en las relaciones bilaterales, a que nuestro país realice cambios inherentes a su ordenamiento constitucional.

Trump derogó asimismo la Directiva Presidencial de Política “Normalización de las relaciones entre los Estados Unidos y Cuba”, emitida por el presidente Obama el 14 de octubre de 2016, la cual aunque no ocultaba el carácter injerencista de la política estadounidense, ni el objetivo de hacer avanzar sus intereses en la consecución de cambios en el orden económico, político y social de nuestro país, había reconocido la independencia, la soberanía y la autodeterminación de Cuba y al gobierno cubano como un interlocutor legítimo e igual, así como los beneficios que reportaría a ambos países y pueblos una relación de convivencia civilizada dentro de las grandes diferencias que existen entre los dos gobiernos. También admitía que el bloqueo era una política obsoleta y que debía ser eliminado.

Nuevamente el Gobierno de los Estados Unidos recurre a métodos coercitivos del pasado, al adoptar medidas de recrudecimiento del bloqueo, en vigor desde febrero de 1962, que no solo provoca daños y privaciones al pueblo cubano y constituye un innegable obstáculo al desarrollo de nuestra economía, sino que afecta también la soberanía y los intereses de otros países, concitando el rechazo internacional.

Las medidas anunciadas imponen trabas adicionales a las muy restringidas oportunidades que el sector empresarial estadounidense tenía para comerciar e invertir en Cuba.

A su vez, restringen aún más el derecho de los ciudadanos estadounidenses de visitar nuestro país, ya limitado por la obligación de usar licencias discrimina-torias, en momentos en que el Congreso de los Estados Unidos, como reflejo del sentir de amplios sectores de esa sociedad, reclama no solo que se ponga fin a la prohibición de viajar, sino también que se eliminen las restricciones al comercio con Cuba.

Los anuncios del presidente Trump contradicen el apoyo mayoritario de la opinión pública estadounidense, incluyendo el de la emigración cubana en ese país, al levantamiento total del bloqueo y a las relaciones normales entre Cuba y los Estados Unidos.

En su lugar, el Presidente estadounidense, otra vez mal asesorado, toma decisiones que favorecen los intereses políticos de una minoría extremista de origen cubano del estado de Florida, que por motivaciones mezquinas no desiste de su pretensión de castigar a Cuba y a su pueblo, por ejercer el derecho legítimo y soberano de ser libre y haber tomado las riendas de su propio destino.

Posteriormente haremos un análisis más profundo del alcance y las implicaciones de este anuncio.

El Gobierno de Cuba denuncia las nuevas medidas de endurecimiento del bloqueo, que están destinadas a fracasar como se ha demostrado repetidamente en el pasado, y que no lograrán su propósito de debilitar a la Revolución ni doblegar al pueblo cubano, cuya resistencia a las agresiones de cualquier tipo y origen ha sido probada a lo largo de casi seis décadas.

El Gobierno de Cuba rechaza la manipulación con fines políticos y el doble rasero en el tratamiento del tema de los derechos humanos. El pueblo cubano disfruta de derechos y libertades fundamentales, y exhibe logros de los que se siente orgulloso y que son una quimera para muchos países del mundo, incluyendo a los propios Estados Unidos, como el derecho a la salud, la educación, la seguridad social, el salario igual por trabajo igual, los derechos de los niños, y el derecho a la alimentación, la paz y al desarrollo. Con sus modestos recursos, Cuba ha contribuido también a la mejoría de los derechos humanos en muchos lugares del mundo, a pesar de las limitaciones que le impone su condición de país bloqueado.

Los Estados Unidos no están en condiciones de darnos lecciones. Tenemos serias preocupaciones por el respeto y las garantías de los derechos humanos en ese país, donde hay numerosos casos de asesinatos, brutalidad y abusos policiales, en particular contra la población afroamericana; se viola el derecho a la vida como resultado de las muertes por armas de fuego; se explota el trabajo infantil y existen graves manifestaciones de discriminación racial; se amenaza con imponer más restricciones a los servicios de salud, que dejarían a 23 millones de personas sin seguro médico; existe la desigualdad salarial entre hombres y mujeres; se margina a emigrantes y refugiados, en particular los procedentes de países islámicos; se pretende levantar muros que denigran a vecinos; y se abandonan los compromisos internacionales para preservar el medio ambiente y enfrentar el cambio climático.

Asimismo, son motivo de preocupación las violaciones de los derechos humanos cometidas por los Estados Unidos en otros países, como las detenciones arbitrarias de decenas de presos en el territorio ilegalmente ocupado por la Base Naval de Guantánamo en Cuba, donde incluso se ha torturado; las ejecuciones extrajudiciales y las muertes de civiles causadas por bombas y el empleo de drones; y las guerras desatadas contra diversos países como Irak, sustentadas en mentiras sobre la posesión de armas de exterminio masivo, con consecuencias nefastas para la paz, la seguridad y la estabilidad de la región del Medio Oriente.

Recordamos que Cuba es Estado Parte de 44 instru-mentos internacionales sobre los derechos humanos, mientras que los Estados Unidos lo es solo de 18, por lo que tenemos mucho que mostrar, opinar, y defender.

Al confirmar la decisión de restablecer las relaciones diplomáticas, Cuba y los Estados Unidos ratificaron la intención de desarrollar vínculos respetuosos y de cooperación entre ambos pueblos y gobiernos, basados en los principios y propósitos consagrados en la Carta de las Naciones Unidas. En su Declaración, emitida el 1 de julio de 2015, el Gobierno Revolucionario de Cuba reafirmó que “estas relaciones deberán cimentarse en el respeto absoluto a nuestra independencia y soberanía; el derecho inalienable de todo Estado a elegir el sistema político, económico, social y cultural, sin injerencia de ninguna forma; y la igualdad soberana y la reciprocidad, que constituyen principios irrenunciables del Derecho Internacional”, tal como refrendó la Proclama de América Latina y el Caribe como Zona de Paz, firmada por los Jefes de Estado y Gobierno de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC), en su II Cumbre, en La Habana. Cuba no ha renunciado a estos principios ni renunciará jamás.

El Gobierno de Cuba reitera su voluntad de continuar el diálogo respetuoso y la cooperación en temas de interés mutuo, así como la negociación de los asuntos bilaterales pendientes con el Gobierno de los Estados Unidos. En los dos últimos años se ha demostrado que los dos países, como ha expresado reiteradamente el Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, General de Ejército Raúl Castro Ruz, pueden cooperar y convivir civilizada-mente, respetando las diferencias y promoviendo todo aquello que beneficie a ambas naciones y pueblos, pero no debe esperarse que para ello Cuba realice concesiones inherentes a su soberanía e independencia, ni acepte condicionamientos de ninguna índole.

Cualquier estrategia dirigida a cambiar el sistema político, económico y social en Cuba, ya sea la que pretenda lograrlo a través de presiones e imposiciones, o emplean-do métodos más sutiles, estará condenada al fracaso.

Los cambios que sean necesarios en Cuba, como los realizados desde 1959 y los que estamos acometiendo ahora como parte del proceso de actualización de nuestro modelo económico y social, los seguirá decidiendo soberanamente el pueblo cubano.

Como hemos hecho desde el triunfo del 1ro. de enero de 1959, asumiremos cualquier riesgo y continuaremos firmes y seguros en la construcción de una nación sobe-rana, independiente, socialista, democrática, próspera y sostenible.

La Habana, 16 de junio de 2017.