Cuba condena enérgicamente agresión contra Siria

DECLARACIÓN DEL GOBIERNO REVOLUCIONARIO

El ataque fue lanzado como represalia por una supuesta agresión química, que el Gobierno sirio ha desmentido
El ataque fue lanzado como represalia por una supuesta agresión química, que el Gobierno sirio ha desmentido Foto: Desconocido

 

DECLARACIÓN DEL GOBIERNO REVOLUCIONARIO

El Gobierno Revolucionario de la República de Cuba expresa su más enérgica condena por el nuevo ataque perpetrado por los Estados Unidos y algunos de sus aliados, en la noche de este 13 de abril contra instalaciones militares y civiles en la República Árabe Siria, utilizando como pretexto el supuesto empleo por el Gobierno sirio de armas químicas contra civiles.

Esta acción unilateral, al margen del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, constituye una flagrante violación de los principios del Derecho Internacional y de la Carta de esa organización y constituye un atropello contra un Estado soberano, que agudiza el conflicto en el país y en la región.

Los Estados Unidos han atacado a Siria sin que se haya demostrado la utilización de armas químicas por parte del gobierno de ese país y a pesar de que la Secretaría Técnica de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) ha informado que desplegará en breve un equipo de la Misión de Investigación de Hechos para inspeccionar de inmediato la localidad de Duma, como habían solicitado Siria y Rusia.

Cuba, signataria original y Estado parte de la Conven-ción sobre Armas Químicas, rechaza firmemente el empleo de esas armas y de otras de exterminio en masa, por cualquier actor y en cualquier circunstancia.

El Gobierno Revolucionario expresa su solidaridad con el pueblo y gobierno sirios por las pérdidas de vidas y daños materiales, como consecuencia de este ataque atroz.

 La Habana 13 de abril de 2018

Tomado de Granma

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Estados Unidos 60 años de errores con Cuba

Por Arthur González.
Tomado de El Heraldo Cubano

Cualquiera comete una torpeza, pero lo de Estados Unidos con Cuba es un record Guinness.

El más reciente de los desaciertos fue la reunión sostenida del sub secretario de Estado, en la Cumbre de las Américas que se celebra en Lima, con un grupito de sus asalariados que poseen un historial muy alejado al de cualquier joven cubano.

 

El sub secretario John J. Sullivan, se reunió el 12 de abril 2018 a puertas cerradas, con miembros de la “oposición”, que no trabaja ni estudia en Cuba, pero Estados Unidos insiste en calificarla como “miembros de la sociedad civil independiente”. Por supuesto que son independientes del pueblo, pero totalmente dependientes del dinero y órdenes de Washington.

Esos que Estados Unidos exhibe actualmente como “disidentes”, seguirán el mismo camino del olvido de sus antecesores en los años 80 y 90, cuando embriagados por el éxito obtenido con el Programa Democracia aprobado por Ronald Reagan, la Casa Blanca destinó millones de dólares para la fabricación de una “oposición cubana”.

¿Quién se acuerda de Yndamiro Restano y Hubert Jerez, de la llamada Asociación de Periodistas Independientes?; ¿De Lázaro Cabrera, Vladimir García y Omar López, de la Asociación Pro Arte Libre?

¿Alguien menciona a Humberto Colás y a Berta Mexidor, de aquellas inventadas Bibliotecas Independientes?

¿Han vuelto a ser noticia en los medios de Miami, Ricardo Bofill, Martha Freyre, María Elena Cruz Varela y Roberto Luque Escalona, quienes integraron el fantaseado Comité Cubano Pro Derechos Humanos, y la Concertación Democrática Cubana?

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Universidad de Michigan revela masiva presencia de inteligencia yanqui en La Habana.

Por Arthur González.
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El 02.03.2018 la prensa de Estados Unidos publicó un artículo, donde se asegura que el profesor Kevin Fu y sus colaboradores del equipo Investigativo de Privacidad y Seguridad de la Universidad de Michigan, afirmaron tener una explicación para lo que pudo ocurrir en La Habana, sobre el misterio de los “extraños sonidos” escuchados por diplomáticos estadounidenses.

La acusación del Departamento de Estado sobre los inventados “ataques”, forma parte de una Operación de inteligencia fabricada para afectar las frágiles relaciones diplomáticas establecidas por Barack Obama, cuando aprobó una nueva táctica para destruir el socialismo cubano, mediante el abrazo de la muerte, lo cual especificó bien al afirmar:

“…décadas de aislamiento de Cuba por parte de EE.UU. no han conseguido nuestro perdurable objetivo de promover el surgimiento de una Cuba estable, próspera y democrática…”

El pasado 2017 Estados Unidos informó públicamente el tema de los “ruidos” y las “enfermedades” causadas a sus funcionarios en La Habana.

Ante la acuciosa y profesional investigación de Cuba, donde quedaron demostradas las mentiras construidas intencionalmente, el Departamento de Estado inició una serie de argumentaciones, en las que todas semanas inventa nuevas hipótesis, cada una más risible de la anterior, porque el verdadero objetivo es afectar el turismo a la Isla y reforzar su guerra económica que pretende ahogar financieramente al gobierno cubano.

Ni fueron ciertos los “ataques”, ni tampoco las enfermedades, algo puesto de manifiesto en la carta que hicieron los mismos diplomáticos evacuados de La Habana, donde solicitan al Departamento de Estado permanecer en sus puestos de trabajo dentro de la Misión diplomática.

Si realmente hubiese existido peligro para la salud, tal y como asegura el gobierno yanqui, ellos no se quedarían en La Habana y menos con sus familiares.

Lo sorprendente ahora es que el equipo de la Universidad de Michigan, afirma que las víctimas fueron 24 oficiales de inteligencia, algo que demuestra que los servicios de inteligencia de Estados Unidos utilizan su embajada para realizar actividades ilegales contra Cuba, entre ellas el espionaje y la subversión. Seguir leyendo “Universidad de Michigan revela masiva presencia de inteligencia yanqui en La Habana.”

Barack Obama abrió el camino —

Por Arthur González

Cuando el presidente Barack Obama aprobó la apertura de Google en Cuba, con vistas a permitir un acceso amplio a Internet, sabía bien lo que hacía, abrir el camino para los propósitos subversivos mediante esa vía que tanto añoraban los ideólogos yanquis para desmontar el socialismo desde adentro. Esa fue la dirección que […]

a través de Barack Obama abrió el camino —

Como cambian las cosas para Cuba

Por Arthur González (Heraldo Cubano)

Cuba era condenada porque exigía a sus ciudadanos un permiso de salida y una carta de invitación, para realizar un viaje a otro país por interés personal.

Nuevos cambios introducidos en 2013 en su ley de migración y reajustes en su política de viajes, eliminaron tales requisitos y entonces se pudo ver a las claras que ambos no eran la verdadera causa que impedía a cubanas y cubanos disfrutar de una estancia en el exterior, sino la dificultad para obtener un visado en alguna embajada.

Cualquier ciudadano del llamado “mundo libre” que desee ir como turista a otro, solo debe contactar con una agencia de viaje que le organiza su recorrido, incluidas las visas y boletos de avión. Para esos no hay exigencias que si les exigen a los cubanos y hace un penoso martirio lo que pudiera ser un deleite.

Desde 1966 Estados Unidos aprobó la llamada Ley de Ajuste Cubano, la cual permite que cualquier cubano residente en la Isla que llegue al territorio yanqui, solicitar asilo político con solo decir a las autoridades migratorias que “huye del comunismo”, algo que politiza ilegítimamente el movimiento migratorio.

Esa fue la solución que encontró la administración de Lyndon B. Johnson, para legalizar el estatus migratorio de los que llegaban ilegalmente a las fronteras estadounidenses, principalmente esbirros del dictador Fulgencio Batista y sus seguidores, los atemorizados por las campañas mediáticas contra la Revolución y aquellos padres que se dejaron engañar con la falsa Ley sobre la pérdida de la patria potestad, circulada por agentes de la CIA, y enviaron solos a sus hijos a los Estados Unidos, como parte de la tenebrosa Operación Peter Pan.

La Ley de Ajuste, aún vigente, privilegia solo a cubanos y de ahí el temor de varios países en facilitarles visas, pero lo que, si resulta indignante y hasta humillante, son los requerimientos que muchas embajadas solicitan solo a los cubanos para entregarles un visado, entre ellos mostrar una cuenta bancaria, violando el secreto bancario y la privacidad personal, escrituras de sus propiedades y hasta reservaciones en hoteles.

¿A que ciudadano francés, turco, austriaco, australiano o argentino, se les exigen esos requisitos para visarle su pasaporte?

Muchos de los cónsules que hacen esas solicitudes a los cubanos no tienen ni casa propia, ni cuentas de ahorro, al igual que sus compatriotas que visitan a Cuba.

De eso la prensa de Estados Unidos no hace campañas, ni sus aliados denuncian como se les limita la libertad a los cubanos para viajar. Sin embargo, cuando los llamados “disidentes”, fabricados y sufragados por Estados Unidos, viajan a México, Colombia, Chile, España y a los propios Estados Unidos, nadie les pide nada de lo que le obligan a mostrar a los cubanos que pretenden visitar familiares o amigos. Sobre ese proceder discriminatorio nada se habla.

A partir de las medidas adoptadas por el presidente Donald Trump en octubre de 2017, de no emitir más visas en la Habana para visitas temporales, contraer matrimonio con ciudadanos norteamericanos, o de reunificación familiar, los cubanos están obligado a viajar a México y a Colombia para asistir a las entrevistas que se le programan en los consulados de Estados Unidos, con el fin de evaluar si se les entrega o no el visado.

Por supuesto que, para obtener el codiciado visado de ambos países, los cubanos tienen que mostrarles a los funcionarios consulares su estado de cuenta bancaria y las escrituras de sus propiedades, y solo después de evaluar cada caso el cónsul accede o no a visarlo, lo que resulta un tratamiento denigrante en un mundo que incrementa los movimientos migratorios y el turismo.

Para demostrar el injusto trato que reciben los cubanos, que no es criticado por las organizaciones de Derechos Humanos que antes cuestionaban a Cuba, basta con conocer lo que Colombia ha impuesto a su consulado en Miami, donde sus funcionarios declaran que “el consulado de Colombia en Miami no tiene obligación de otorgarle visa a los cubanos que quieren reunirse con sus familias en Bogotá y para obtener la visa hay un proceso con requisitos que deben ser respetados”.

Desde que el Departamento de Estado anunció que procesaría las visas de inmigrantes para cubanos en su embajada en Bogotá, y las de no inmigrantes en México, la afluencia de cubanos solicitando visas a Colombia es masiva, tanto en La Habana como en Miami, pues los familiares residentes en la Florida desean asistirlos económica y técnicamente antes de las entrevistas en el consulado yanqui.

Lograr una cita en los consulados de México y Colombia en la Habana es una verdadera odisea, sin la certeza de obtener el permiso de internamiento, algo que aprovechan los especuladores para sacarle dinero a los interesados.

Antes del 2013 las acusaciones eran contra Cuba y fue común las denuncias sobre su política migratoria. Ahora que ya esas trabas desaparecieron y hasta los “disidentes” viajan constantemente a recibir entrenamiento en otros países, o para participar en eventos donde se condena a la Revolución, no hay una sola acusación contra aquellos países latinoamericanos, Estados Unidos, Canadá y de la Unión europea, por sus prácticas discriminatorias y violadoras de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de la ONU.

Ahora nadie se acuerda de la libertad de viajar, de movimiento ni el respeto a la vida privada, las normas impuestas por esos países no violan nada, al final ellos responden a un modelo capitalista que, a su decir, es el “paladín de los derechos humanos”.

Mientras, las familias cubanas no tienen derecho a reunirse, festejar juntos y pasar buenos momentos unidos. Así son los que imponen las normas que rigen hoy el mundo.

Exacto fue José Martí cuando sentenció:

“Algo que daña mucho el ejercicio de un derecho, es la hipocresía del derecho”

Cinco indicadores de Estados Unidos que están al nivel de naciones subdesarrolladas

Tomado de Granma

bandera-de-estados-unidos-espias-580x365Aunque Estados Unidos es la principal potencia económica y militar del mundo, hay muchos aspectos de su sociedad que se muestran por debajo del resto de los países desarrollados e incluso se comparan con naciones mucho más pobres.

1. ESPERANZA DE VIDA

El informe más reciente del Programa de la ONU sobre Desarrollo Humano (PNUD) indica que la esperanza de vida de los estadounidenses es de 79,2 años. Ese dato lo ubica en el puesto número 40 del mundo, por detrás del conjunto de naciones desarrolladas, pero también por debajo de países latinoamericanos como Chile, Costa Rica y Cuba.

2. MORTALIDAD INFANTIL

La cifra de mortalidad infantil– el número de niños que fallecen por cada mil nacimientos vivos– es otro indicador clásico de bienestar social. De acuerdo con el más reciente informe del PNUD, que utiliza datos del 2015, en Estados Unidos esa cifra se ubica en 5,6. Esto le coloca en el lugar 44 del mundo, nuevamente superado por el conjunto de países ricos, así como por Cuba, Bosnia Herzegovina y Croacia. Seguir leyendo “Cinco indicadores de Estados Unidos que están al nivel de naciones subdesarrolladas”

Un año más tarde, las ideas de Fidel acerca de las relaciones Cuba-EE.UU. siguen siendo la principal guía

a través de Un año más tarde, las ideas de Fidel acerca de las relaciones Cuba-EE.UU. siguen siendo la principal guía | Blog | teleSUR

El 17 de diciembre de 2014, el mundo fue testigo del sorpresivo anuncio simultáneo de los Presidentes Raúl Castro y Barack Obama, acerca del restablecimiento de las relaciones diplomáticas, interrumpidas más de cinco décadas atrás. Sin embargo, flotaba en el aire la falacia de que esta decisión representaba un paso hacia la “normalización”. Aquél día, Obama afirmó que la medida estaba dirigida a “normalizar las relaciones entre los dos países.” No obstante esta histórica decisión, se trataba de la reapertura de las respectivas embajadas y no significaba en absoluto que el camino iba de hecho hacia la normalización. No se trataba de eso.

Un año más tarde, las ideas de Fidel acerca de las relaciones Cuba-EE.UU. siguen siendo la principal guía

De hecho, la “normalización” contradice la propia lógica detrás del 17 de diciembre de 2014 (fecha conocida por los cubanos como el “17D”), cuya decisión de Obama indicaba que Estados Unidos consideraba que su política hacia Cuba había sido un fracaso, dado que no se lograron alcanzar los objetivos estadounidenses, entre otras cosas, de llevar la “democracia” a Cuba (a la manera del sistema multipartidista estadounidense), o presionar a Cuba hacia una “economía abierta” (economía de mercado o capitalismo). La política tampoco tuvo éxito –en efecto, fracasó− en su objetivo de aislar a Cuba del resto de América Latina. Como consecuencia, Estados Unidos se vio obligado a cambiar sus tácticas con el fin de lograr el mismo objetivo histórico de llevar los cambios mencionados a Cuba y aumentar su menguante influencia en lo que considera “su patio trasero”.

A pesar de la afirmación de Obama, no existen en absoluto las bases para creer que se estaba llevando a cabo un proceso de normalización. Más aún, es posible hacer referencia a algunos pocos ejemplos que perforaron su hinchada bandera tachonada de estrellas. El primero es el permanente bloqueo estadounidense que Obama tan sólo modificó ligeramente (a pesar de sus amplios poderes ejecutivos que le hubiesen permitido hacer mucho más), mientras que impuso voluntariamente un número récord de multas a las organizaciones internacionales, financieras y de otro tipo, por sus relaciones comerciales con Cuba. Esto, por supuesto, endurece los efectos del bloqueo.

En segundo lugar, a pesar de sus poderes ejecutivos para hacerlo (y de contar con la mayoría de demócratas en el Congreso en su primer mandato), no clausuró la prisión de Guantánamo ni devolvió el territorio a Cuba. En tercer lugar, su administración prácticamente superó a todos sus predecesores en la asignación de fondos para la ejecución de programas subversivos, con el apoyo de la CIA, para la “promoción de la democracia” en Cuba. En este sentido, algunos documentos publicados recientemente indican que, de 2014 a 2016, hubo una cantidad masiva de fondos provenientes de Estados Unidos, con apoyo de la CIA. Cabe recordar que esto tuvo lugar mientras la administración de Obama realizaba negociaciones diplomáticas con Cuba (lo que caracteriza, de forma insolente, esta nueva política de “normalización”), incluso después de anunciar públicamente la nueva política hacia Cuba. Así, muchas autoridades cubanas y analistas se preguntaban de qué tipo de normalización de trataba.

No obstante, contra toda evidencia, persistía la ilusión de la “normalización”. Más aún, a principios de 2016, mientras que Obama planeaba su viaje a Cuba del mes de marzo, para coronar la firma de su principal legado en materia de política exterior, este ensueño fue aumentando, pasando de un serio blanco y negro a color.

Sin embargo, durante la visita de Obama a La Habana en marzo de 2016, la política de Estados Unidos hacia Cuba que fomentaba ese engendro de la imaginación de la “normalización”, fue incluso más lejos, convirtiéndose en una superproducción de Hollywood en alta definición. El golpe al paroxismo fue orquestado a través de una proyección al estilo hollywoodense de la nueva imagen del imperialismo estadounidense, que tomó la forma de Obama y su séquito. Durante esos tres días de marzo, ¡nada parecía más “normal” en la escena internacional que las relaciones Cuba-Estados Unidos! Para algunos, se trataba de una euforia apenas velada.

Así,  la “normalización” se afianzó aún más para algunos como un hecho consumado. Deliberadamente, la seducción reemplazó a la agresión abierta para lograr el inalcanzable objetivo, sostenido durante cinco décadas, de quebrantar la voluntad de Cuba a fin de llevar el archipiélago al dominio de los intereses de Estados Unidos. La “agresión” y la “seducción” están estrechamente relacionadas, no sólo literalmente, sino también políticamente, pues son dos caras de la misma moneda.

No obstante, dado el alto nivel de conciencia política de la inmensa mayoría de cubanos, éstos no se dejaron encantar por Obama, mimetizado en el flautista de Hamelín. No todos cayeron en esto. Inmersos en las ideas de Fidel, los revolucionarios cubanos desde el gobierno y la prensa tomaron inmediatamente la espada en la pluma y la palabra hablada para deconstruir la narrativa de Obama. Esto encendió el debate en Cuba. Sin embargo, fue el mismo Fidel quien asestó un golpe demoledor a las seductoras fantasías estadounidenses, la nueva táctica para reemplazar la agresión abierta.

¿Quién podría olvidar la ahora legendaria e irónica reflexión del Comandante titulada “El hermano Obama”, donde Fidel despedazó la narrativa de éste? En esencia, Obama buscaba conquistar a los cubanos (por primera vez desde la ventajosa posición de Estados Unidos actuando al interior de Cuba) a través de la idea de que su futuro se encuentra ligado a la benevolencia de Estados Unidos. Como dijo Obama el 17D (evocando la noción de los peregrinos puritanos del siglo XVII acerca del surgimiento de Estados Unidos como el “pueblo elegido”): “Algunos de ustedes nos han buscado como fuente de esperanza, y continuaremos alumbrando una luz de libertad.” Esta concepción errónea de compartir posibles intereses y “valores comunes”, conduce a la falsa noción de que, las relaciones diplomáticas, combinadas con unas pocas medidas cosméticas, conducen a la “normalización”.

La propuesta evangelizadora de Obama a los cubanos incluía un llamamiento a “derribar las barreras de la historia y la ideología” −como lo dijo él, con el fin de construir el mito de la fácil compatibilidad entre los dos sistemas. Un deslizamiento hacia la conformidad mutua sólo podía significar que Cuba renunciara a sus principios. ¿Podría acaso Estados Unidos renunciar a su sistema político y económico para identificarse con Cuba y así facilitar la “normalización”?

“El Hermano Obama” de Fidel es tan sólo un ejemplo entre muchos que muestra su desconfianza en la meta estadounidense de subvertir la revolución por medio de tácticas cambiantes. Esta idea Fidelista ha sido repetida de muchas formas desde 1959. Por ejemplo, hace varias décadas él afirmó que “Incluso si algún día mejoran las relaciones entre Cuba socialista y el imperio, el imperio no cesará de aplastar la Revolución Cubana…” (El autor está en deuda con el periodista Patricio Montesinos y Cubadebate por llamar esta cita a nuestra atención).

Para dar un ejemplo más, tan sólo un mes después del 17D, Fidel escribió una misiva a los estudiantes universitarios:

“No confío en la política de Estados Unidos ni he intercambiado una palabra con ellos, sin que esto signifique, ni mucho menos, un rechazo a una solución pacífica de los conflictos o peligros de guerra” (27 de enero de 2015).

El pensamiento de Fidel puede ser sintetizado de esta manera: sí a las relaciones diplomáticas buscadas desde 1959; no a la confianza en el objetivo de largo plazo de Estados Unidos, escondido tras el espejismo de la normalización ad infinitum.

Conmemoramos el primer aniversario del fallecimiento de Fidel, sucedido tan sólo unas pocas semanas después de la inesperada victoria de Trump. Esta nueva administración estadounidense inició el cambio de la política seductora de Obama hacia una narrativa hostil y agresiva, combinada con las correspondientes medidas para endurecer el bloqueo, mientras mantiene relaciones diplomáticas como la principal característica de la apertura de Obama.

En el contexto de la política de Trump hacia Cuba, los dogmas del mito de la “normalización” −alentados por la casi total oposición mayoritaria y generalizada en Estados Unidos y en el extranjero a la política de Trump hacia Cuba− ahora han intensificado la promoción del cuento de la “normalización” de Obama. Aprovechando el hecho de que la política de Obama hacia Cuba pareciera tan inmaculada en comparación con la de Trump, ¿quién se atreve a argumentar que Obama no deseaba la “normalización”, hacia la cual él dio el primer paso? ¿Quién puede cerrar los ojos ante el hecho de que la política de Obama está siendo pasada por alto por Trump? Asociar a Obama con la “normalización” es “políticamente correcto” en algunos círculos, hasta tal punto que se supone que todo comentarista disidente puede ser intimidado por esta esperada opinión hegemónica acerca de las relaciones Cuba-Estados Unidos.

¿Ha perdido vigencia la resistencia fidelista frente a la narrativa de la “normalización” como una solución mágica? ¿Ya no son aplicables sus claras ideas acerca del uso oportunista de los cambios tácticos por parte del imperio para alcanzar los mismos objetivos elusivos de dominación?

Independientemente de quién ocupe la Casa Blanca, las relaciones Cuba-Estados Unidos nunca serán las mismas a las existentes antes del 17D. Las incursiones ideológicas y políticas de EE.UU. en la cultura socialista de Cuba después del 17D, aunque relativamente marginales, toman nuevas dimensiones con nuevos partidarios. Un observador serio no podría ignorar, por ejemplo, que entre algunos jóvenes y cuentapropistas del sector privado existen opiniones positivas preconcebidas acerca de la sociedad, la cultura e incluso el sistema político estadounidense. Consideremos esto como un indicador de la opinión de que las incursiones culturales de Estados Unidos trascienden los mandatos presidenciales: ¿Ha disminuido la proliferación de banderas estadounidenses en las calles de La Habana, desgastadas como ropa (después de aumentar con la nueva política hacia Cuba del 17D de Obama, y luego de ampliarse después de su visita a La Habana) después de la elección de Trump y su retórica agresiva? No. De hecho, esta tendencia hacia un constante aumento no presenta ningún signo de disminución, a pesar del hecho de que Trump es la cabeza del imperio y su rostro es visible, junto con la bandera. El nuevo presidente está sacando provecho del legado de Obama de irrupción en la cultura socialista cubana.

A manera de una última reflexión en estos días, cuando examinamos la vigencia del pensamiento de Fidel: ¿Qué sucederá si los demócratas reconquistan el poder presidencial en 2020? Si esta tendencia continúa –creando ilusiones acerca de la “normalización” y su corolario de un sistema político y económico para Cuba más cercano al de Estados Unidos que a la Revolución Cubana− ¿qué ocurrirá en noviembre de 2020? Los sistemas socialista y político de Cuba serán el objetivo de una ofensiva ideológica y política coordinada y sin precedentes, basada en el sueño hecho realidad de la “normalización” con los demócratas.

El pensamiento de Fidel acerca de las relaciones Cuba-Estados Unidos no solamente sigue vigente en la actualidad, sino que representa una lucha de vida o muerte por conservar y ampliar la Revolución Cubana. Las ideas de Fidel constituyen el más importante referente, –hoy y mañana− en las relaciones Cuba-Estados Unidos, para todos aquellos quienes estamos comprometidos en la defensa de la Revolución Cubana.

Sus ideas no sólo enmarcan el contenido como una guía sólida e insustituible, sino que igualmente resulta importante la forma que utilizaba Fidel para presentar sus ideas. Él afirmó y expresó sus ideas con valor −con precisión en su forma de comunicar− en defensa de la Revolución Cubana. Este fue su único criterio.